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Empatía

    Entrevista de Mariana Contreras a las actrices de MIGAS DE PAN. (Brecha 19-08-16)

    Con Inés Lage, María Vidal y Nuria Fló

    Tienen 31, 26 y 23 años respectivamente, y son tres de las actrices que encarnan a presas compañeras de Liliana, la protagonista, en una celda del penal de Punta de Rieles. En el caso de Inés, además, representó a una mujer violada por un militar en su pasaje por un cuartel. Para ella, que debutó como actriz con este rol, esa fue una de las escenas más difíciles: se filmó ocho o nueve veces, y cada vez que la directora decía: “Corte” “nos tomábamos un momento y nos abrazábamos” con el actor que representaba al milico (a quien conoció en el rodaje), en un intento de separarse de la escena, cuenta para explicar la intensidad con que vivieron esos días y el respeto que abordar el tema produjo en ellas.

    Para darles vida a sus personajes buscaron y leyeron cada una por su lado, se pasaron documentales sobre el tema, hablaron con conocidos que vivieron la época. La recreación de los interiores del penal –escenas que se filmaron en España debido a que la financiación del proyecto así lo impuso– también contribuyó al clima: allí se llevaron la sorpresa de que una bufanda, una cajita y una funda de almohada, que formaban parte de la escena, eran algunos objetos hechos por las presas, las verdaderas, y que habían sido cedidos para el rodaje. El vestuario, el corte de pelo, “que de a poco te van quitando tu identidad”, como dijo Nuria, también hicieron lo suyo. Pero fue una charla con Ivonne Trías, quien estuvo asesorando durante la realización del proyecto, un punto clave para ellas. Ese encuentro, en el que, un poco intimidadas, “íbamos despacito y ella sabiendo eso nos dijo ‘pregunten lo que quieran’”, resultó fundamental, admiten. “Colocó las cosas en un plano de realidad”, dice María, y contribuyó fuertemente a generar empatía. Empatía con los personajes, empatía con la historia a contar y empatía con las verdaderas presas. “Una idea que me queda de esa experiencia es que caernos nos caemos todos, la cosa es levantarse y seguir”, reflexiona Inés. “Hay un antes y un después de la casaca gris”, dice en referencia al uniforme de presa que vistió durante el rodaje. “Activó en mí cosas que ya estaban. Le pude poner cara, manos, un tono de voz, a una época. Y eso es muy fuerte.”

    Las tres vuelven a coincidir en otro punto: el valor de lo colectivo que, pese a la adversidad, logró que las mujeres resistieran los años de cárcel y –aunque no todas– pudieran reconstruir su vida luego de la experiencia.

    “La película –dicen para alentar al público a llegar a las salas– no puede cambiar el mundo, pero puede cambiar algo en las personas.”

    MARIANA CONTRERAS

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